La humildad de mis campesinos padres los llevo de la diestra por las diferentes comarcas de la pintoresca manigua de la mesa servida del piedemonte amazónico colombiano y con ellos llevaban sus descendientes retoños por caminos reales, montañas o rancheríos que se levantaba enclenques en medio de la selva a 10 horas o más por pantanosos caminos, se cruzaban quebradas y riachuelos de cristalinas aguas en donde vivían los manaos, los cerrillos las borugas o los incautos armadillos que eran presa fácil del cazador humano o animal.

En este divagar permanente por la supervivencia familiar un día llegamos con el hambre a cuestas a una vereda en el departamento del putumayo. Yo tendría escasos 5 años; en este sector de la geografía nacional entre churucos, pavas loros o guacamayas conocí a un niño que andaba entre los 10 a 12 años lo que más me llamo la atención era que cargaba un arma de verdad, sin embargo le gustaba hacer barquitos con hojas de los arboles más frondosos; que echaba a navegar por las transparentes y corrientosas aguas del río Caquetá.

Él cuenta que cada vez que un barco empieza a navegar por el rio se convierte en una tripulación de animales imaginarios que van en busca de su familia que algún día perdió.

Una recopilación de historias mágicas, realistas surrealistas o como te las quieras imaginar, personales y de compañeros de vida de un zorro de la montaña en el sur del universo.

Belén de los Andaquíes – Caquetá COL

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