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Todos los días junto a mi abuelo José salíamos apresurados a todo galope en nuestro caballo Ferias, el siempre adelante y yo (en lanca), charlando y charlando hasta llegar a la escuela, creo que me gustaba mucho ir a estudiar en especial por qué la montaña que me tocaba cruzar de regreso a casa era mágica, aun más que la escuela por qué tenía amigos allí, el azul y el naranja, dos pajaritos que me esperaban en la entrada y me dejaban en la salida de la montaña, sin antes mostrarme cada cosa, cada elemento peculiar que componían a la gran selva, todo esto guiado por los silbidos mágicos de cada uno de ellos.

por eso cada ves que regresaba a casa le decía a mi abue! que gracias por dejar que la montaña me educara, que ya no quería regresar al pueblo con papá.

Una recopilación de historias mágicas, realistas surrealistas o como te las quieras imaginar, personales y de compañeros de vida de un zorro de la montaña en el sur del universo.

Belén de los Andaquíes – Caquetá COL

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